Comiendo con el enemigo: Los sistemas alimentarios en la pandemia

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Por: José Luis Chicoma 

Todo indica que en América Latina se consumen más alimentos ultraprocesados y menos frutas y vegetales durante la pandemia. Esta es la gran oportunidad política para ir por reformas hacia una alimentación saludable, sostenible y asequible, escribe José Luis Chicoma.

Irónicamente, el principal enemigo del momento, el Covid-19, está desnudando muchos problemas con nuestra alimentación que no queríamos ver, y prendiendo fuego a muchas bombas de tiempo, que van estallando una tras otra.

El descontrol de nuestros mercados públicos los ha convertido en focos de contagio. La gran paradoja de nuestros tiempos se ha agravado en estos meses: el hambre crece, a pesar de que seguimos produciendo suficientes alimentos para todos, y las prioridades políticas pueden amenazar nuestra seguridad alimentaria. Aunque declaremos esenciales a los trabajadores de los sistemas alimentarios, los tratamos como descartables, y seguimos de espaldas a los campos y mares, sin otorgarles suficiente apoyo. Frente a un virus que hace más vulnerables a aquellos que tienen enfermedades ocasionadas por la mala alimentación, somos presas de un Síndrome de Estocolmo con los ultraprocesados, consumiendo más chatarra, encerrados en casa.

Los mercados como centro de contagio. Siempre han sido el puente con el resto del país y el mundo, con clientes y comerciantes que van de puesto en puesto para realizar sus compras, en espacios densos y, por ende, han sido una fuente de propagación de plagas. Era lógico que iba a ser así con esta pandemia, particularmente en muchos países de América Latina, que agregan una mezcla letal de factores: muchos trabajadores informales, con ingresos diarios muy bajos, que compran con efectivo sus alimentos, varias veces a la semana.

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