Con la acumulación de los gastos fiscales, la casa pierde

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Con la acumulación de los gastos fiscales, la casa pierde

Por: Liliana Alvarado para El Economista

Los gastos fiscales son tratamientos preferenciales que se le otorgan a las personas físicas (individuos) o morales (empresas) para perseguir ciertos fines. Entre los objetivos más comunes se encuentran la creación de empleo, la redistribución del ingreso, el fomento de la inversión, la protección al medio ambiente, entre otros. Comúnmente, los gastos fiscales buscan reducir la carga impositiva de los contribuyentes y pueden tomar diferentes modalidades: deducciones, exenciones, tasas reducidas, facilidades administrativas, estímulos fiscales, etc.

Por ejemplo, las exenciones están presentes en prácticamente todos los impuestos, mientras que las facilidades administrativas únicamente se otorgan en el Impuesto sobre la Renta Empresarial (ISRE).

Cabe resaltar que el otorgamiento de los gastos fiscales tiene un doble efecto. Por un lado, brindan alivio a los contribuyentes y, por otro, implican un costo para el erario. La realidad es que con la implementación de los gastos fiscales el gobierno es quien absorbe la mayor pérdida. No es lo mismo que se recaude 16% del Impuesto al Valor Agregado (IVA) por la venta de algún bien o prestación de servicio, a que se recaude un monto menor por la aplicación de una tasa de IVA reducida, o que haya una recaudación nula tras la implementación de una tasa de 0% en el mismo impuesto.

Lo que es cierto es que al sumar la pérdida recaudatoria de cada uno de los 99 gastos fiscales reportados en México para el 2020, se acumula una bolsa cuantiosa de recursos que, para dicho año, ascendió a 3.7% del PIB. Esta cifra es mucho menor a 6.7% del PIB que acumula Estados Unidos y mayor a 3.1% y 2.8% del PIB que se reportan en Chile y Argentina, respectivamente.

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