¿El contrapeso gubernamental a la baja?

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¿El contrapeso gubernamental a la baja?

Por Liliana Alvarado para El Economista

En términos muy generales, los think tanks son centros de investigación que buscan mejoras en las políticas públicas de los distintos países en los que operan. Las diferencias entre éstos son marcadas, pues mientras unos se enfocan en analizar múltiples temas, otros tienen únicamente una línea de investigación. Algunas organizaciones cuentan con cientos de empleados, sin embargo, el equipo de otros apenas se cuenta con los dedos de una mano. Otra diferencia entre ellos es el tipo de relación que tienen con su respectivo gobierno. En algunos países los think tanks asesoran y colaboran de forma cercana con las autoridades, pues se valora significativamente su capacidad y conocimiento técnico en las diferentes temáticas. No obstante, en otras naciones los think tanks adquieren un papel de watch dogs, haciendo referencia a la figura de un perro guardián que tiene como objetivo realizar tareas de vigilancia y monitoreo. Es más común que las organizaciones tomen este papel cuando el país enfrenta debilidades importantes en materia de transparencia, rendición de cuentas, anticorrupción, entre otros temas que requieren un señalamiento o voz de denuncia.

En este sentido, los watch dogs forman parte del conjunto de contrapesos al gobierno. A la lista se suman algunos medios de comunicación, periodistas, el empresariado, los organismos autónomos y electorales, entre otros. No obstante, de esta lista, tal vez uno de los contrapesos menos analizados y conocidos son los think tanks. Ello se relaciona con el hecho de que su trabajo en ocasiones se confunde con el de la academia o incluso con organizaciones activistas.

Recientemente la plataforma global On Think Tanks presentó el Open Think Tanks Directory, que incluye un documento de análisis sobre los think tanks en el continente americano. De acuerdo con el reporte, los temas más comunes que abordan las organizaciones en Latinoamérica y el Caribe (LAC) en orden de importancia son: medio ambiente, política social, gobernanza/transparencia y justicia/derechos humanos.

No sorprende que en nuestra región algunas de las prioridades de las organizaciones sean los temas de gobernanza/transparencia así como justicia/derechos humanos. Los problemas en dichos temas son profundos y se requiere mostrar con datos y evidencia cuáles son las áreas de mejora. Otro dato interesante del reporte se refiere al número de think tanks en cada país: Brasil (65), Argentina (54), Chile (52) y México (43). En el otro extremo tenemos a países con un número muy reducido: Honduras (4), Nicaragua (3) y Belice (1). Un análisis más profundo nos permitiría conocer su antigüedad, presupuesto, fuentes de financiamiento, así como valorar el impacto e incidencia que tienen las organizaciones en las políticas públicas del país.

Cuando analizamos la tendencia de think tanks creados por década y por región, se aprecia que, tanto en el mundo como en América del Norte y Latinoamérica, la creación de este tipo de instituciones va a la baja. Particularmente, en América Latina y el Caribe, la mayoría de este tipo de organizaciones se crearon entre 1990 y el 2009.

Dado este escenario, la pregunta adecuada sería ¿los think tanks como contrapeso, van a la baja? La respuesta es no. Hoy en día los think tanks son más necesarios que nunca. En América Latina, por ejemplo, la corrupción no ha ido mejorando y tampoco lo han hecho temas como la seguridad, justicia, defensa de los derechos humanos, entre otros.

Lo que sí ha pasado es que las condiciones en las que trabajan los think tanks y otros actores que son contrapeso del gobierno en la región, se han vuelto más difíciles. Actualmente en algunos países se condena a quienes los financian, se persigue a quienes los dirigen y se intimida a sus miembros. En un contexto como este, es fácil entender que Nicaragua, donde el presidente Daniel Ortega ha perseguido a opositores, disidentes y periodistas para mantenerse en el poder, solo tenga tres.

Hoy más que nunca hay que generar conciencia sobre la importancia de estas organizaciones. De manera particular, preocupa que con el paso del tiempo se están creando menos think tanks. Las razones pueden ser diversas, sin embargo, el resultado es el mismo. Existen menos organizaciones en la región que están vigilando el actuar de los gobiernos y que están presionando para contar con mejores democracias, gobernanza y condiciones de vida para la población.

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