Estrategias parciales frente a la pobreza: un problema crónico

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Estrategias parciales frente a la pobreza: un problema crónico

Por: Liliana Alvarado y Néstor Genis para El Economista

Recientemente, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) publicó los resultados de la medición multidimensional de la pobreza 2020. Tal y como se esperaba, hubo un aumento importante en la pobreza en México: 3.8 millones de personas más cayeron en pobreza. En total, alrededor de 55.7 millones de personas viven en esta situación (43.9 por ciento).

Estas cifras tan desafortunadas, aunadas a la trayectoria marcada por las administraciones pasadas, son un punto de partida para retomar la discusión pública sobre la pertinencia y efectividad de las estrategias que han tenido como objetivo la reducción de la pobreza en el país. Claramente, el resultado ha sido insatisfactorio y, en parte, esto se debe a un abordaje parcial del problema y al diseño e implementación de acciones que no han atacado las raíces del mismo.

Es común que la pobreza se analice desde varias aristas. No obstante, algunas acciones suelen captar los reflectores más que otras, como es el caso de los programas sociales. Se suele pensar que la mera implementación de estos programas, constituye una política de desarrollo social sólida. Esta lógica sin duda merma la atención de otros factores igualmente trascendentales para la consecución de los objetivos.

La política de desarrollo social en México y, prácticamente en cualquier parte del mundo, debería diseñarse como una estrategia integral para garantizar el pleno ejercicio de los derechos humanos de toda la población. Sin embargo, como se comentó anteriormente, en ocasiones ésta se reduce a unos cuantos programas que atacan el problema de forma parcial y que muchas veces presentan problemas como: mala focalización, regresividad, opacidad, entre otros. La realidad es que estos programas, por sí solos, no tienen la capacidad de reducir la pobreza de forma significativa y permanente.

En este punto hay que dejar claro que los programas sociales sí pueden aportar a la solución del problema. Sin duda estos pueden ser instrumentos muy útiles para potencializar los beneficios de una política de desarrollo social integral dirigida a las poblaciones más vulnerables. No obstante, deben ser considerados como sólo una parte de la estrategia.

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