IMPUESTOS VERDES EN LA LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

miércoles, 12 de enero de 2022

Por: Marcela Carrera Para: Animal Político

Tenemos una última oportunidad de crear el hogar perfecto

para nosotros y restaurar el maravilloso mundo que heredamos.

Todo lo que necesitamos es la voluntad para hacerlo”.

David Attenborough

Hace un par de semanas vi la película Don’t Look Up, una sátira que muestra la respuesta de la humanidad ante la inminente colisión de un cometa gigante con la tierra. Con humor retrata la impotencia de los científicos, la postura egoísta del gobierno y el desinterés de una sociedad absorta en banalidades.

El filme ha sido tanto alabado como criticado, sin embargo, realiza una brillante alegoría al cambio climático y pone sobre la mesa el debate impostergable respecto a las acciones que se están emprendiendo para cuidar al ambiente. Los gobiernos y la sociedad, a pesar de las múltiples advertencias de los expertos, llevamos décadas haciendo como que vemos y no vemos el daño que está provocando la contaminación, minimizando sus devastadores efectos.

Si bien la lucha contra el cambio climático puede afrontarse desde distintos ángulos, los impuestos ecológicos se consideran una de las herramientas de política pública más efectivas. De acuerdo a estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) su diseño se basa en el principio “quién contamina paga” y llevan a que los agentes contaminantes racionalicen el costo económico que provocan sus acciones.

Por lo tanto, los gravámenes verdes procuran que los costos involucrados en la prevención y lucha contra la contaminación sean asumidos y pagados por quienes los producen y no por la sociedad en general. Además, su mayor atractivo reside en el hecho que impulsan la innovación, debido a que en respuesta al precio asignado a la contaminación, los agentes contaminantes buscan implementar soluciones más limpias en sus procesos.

En México, a nivel federal este tipo de impuestos no ha prosperado. Son pocos los ejemplos que podemos citar y están dirigidos a que, sobre todo, pague el ciudadano de a pie. En caso contrario, resulta interesante lo que ocurre con los estados. A nivel subnacional, Quintana Roo, Campeche y Coahuila establecieron impuestos ecológicos para gravar la extracción de materiales del suelo y el subsuelo hace más de diez años.

Pero fue en 2017 cuando Zacatecas revolucionó lo que hasta al momento se había realizado en materia impositiva. Su congreso local aprobó cuatro impuestos ecológicos con el objetivo de gravar la emisión de gases a la atmósfera; la emisión de contaminantes al suelo, subsuelo y agua; el depósito o almacenamiento de residuos y la remediación ambiental en la extracción de materiales.

A partir de ese momento, la entidad ha tenido que sortear algunos obstáculos. Primero, el Ejecutivo Federal, entonces representado por Enrique Peña Nieto, interpuso una controversia constitucional argumentando que Zacatecas no tenía facultades para gravar las actividades contaminantes, puesto que esa era facultad exclusiva de la Federación. Al resolver, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) concluyó que los impuestos ecológicos establecidos por Zacatecas son válidos y no invaden la esfera de competencia de la Federación. Por lo tanto, consideró que ambos órdenes tienen la posibilidad de crearlos al estar frente a facultades concurrentes.

Posteriormente, empresarios promovieron juicios de amparo indirectos para evitar ser sujetos del pago de los impuestos ecológicos; por ejemplo Exploradora de Sombrerete, S.A. de C.V. (perteneciente a Grupo Peñoles). Este juicio fue resuelto mediante recurso de revisión por la Segunda Sala de la SCJN, que sorprendentemente contradijo al Pleno y consideró que uno de los cuatro impuestos, específicamente el de remediación ambiental en la extracción de materiales, es inválido debido a que sí invade la esfera de competencia de la federación, otorgándole el amparo a la quejosa contra dicho gravamen.

Con la salvedad de algunos otros amparos conseguidos por los empresarios, Zacatecas sigue cobrando por los cuatro impuestos ecológicos y es un ejemplo para los demás estados. En ese sentido, probablemente inspirados en su experiencia, se han sumado a las iniciativas Michoacán, Baja California y Oaxaca. Para 2022 también se unieron Nuevo León y Yucatán. Sin embargo son muchos los estados que faltan.

Al igual que sucede en la película, nuestro tiempo para actuar se agota. De acuerdo a informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) si seguimos con el mismo ritmo de contaminación para 2050 la temperatura global podrá tener un incremento que sobrepase los 2°C, por lo tanto los fenómenos meteorológicos extremos serán más frecuentes e intensos.

Ojalá que uno de los propósitos para los estados con motivo del nuevo año sea priorizar la lucha contra el cambio climático, incluyendo impuestos ecológicos en los paquetes económicos de 2023, para procurar un mejor entorno natural, y en consecuencia que se mejore la calidad de vida de nuestra generación y las que están por venir.