La complejidad económica y la recuperación post COVID-19

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La complejidad económica y la recuperación post COVID-19

 

Luego de la pandemia por COVID-19 es necesario garantizar una recuperación justa y resiliente en América Latina. Es por ello que para dialogar sobre el tema, Ethos Laboratorio de Políticas Públicas convocó a los especialistas Sergio Silva, Titular de la Unidad de Inteligencia Económica Global de la Secretaría de Economía; Fernando Gómez, Coordinador TEC Strategic Consulting, del Tecnológico de Monterrey; Mylene Cano, Jefa de Unidad de Análisis Económico de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), y Ramón Padilla, Jefe de la Unidad de Desarrollo Económico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la sede subregional en México, quienes abordaron la importancia de la complejidad económica en el actual contexto..

La complejidad económica es un indicador de los conocimientos que existen en una sociedad y cómo estos se traducen en cierta estructura de su producción y su exportación, es decir, de manera muy práctica, si es que una sociedad sabe cómo fabricar cierto producto, lo va a producir y lo va a comercializar, y en ciertos casos, lo va a exportar. Uno de los supuestos básicos más importantes de la complejidad económica es que las economías crecen cuando mejoran su producción de bienes y en este sentido, digamos que mejorar la producción se equipara a tener productos más complejos, explicó Laure Delalande, Directora de Innovación y Desarrollo Sostenible de Ethos, como introducción al tema.

En primer lugar, Sergio Silva dejó claro que se debe pensar en la construcción de una economía más compleja en México, pero sobre todo por región. “Hablar de la economía mexicana en su conjunto nos va a llevar a hacer abstracciones probablemente no muy útiles en materia de desarrollo, porque en realidad para lo que nos sirve esta herramienta de complejidad es para entender o para poder darnos una idea de cuál debiera ser el camino que cada región deberá seguir en términos de ir construyendo una economía más compleja”, y en ese sentido, orienta sobre cómo comenzar a actuar dependiendo de las capacidades que hay en las distintas zonas del país.

Particularmente, dijo que desde la Secretaría de Economía utilizan estos datos para tratar de entender qué le conviene a cada región, o cuál es el camino más asequible en términos de complejidad a partir de estas capacidades que se pueden generar a futuro, partiendo de los conocimientos que ya existen. “Para nosotros, lo que hemos estado haciendo es desarrollar una estrategia, algo que llamamos Estrategia Integral de Política Industrial, que no es sino a cada región, a cada municipio, a cada autoridad local con la que colaboramos, darles información sobre qué actividades que no se realizan todavía en su municipio se podrían realizar, dadas las capacidades que ya existen”, lo cual reduce el costo de experimentar tanto para las autoridades locales como para los empresarios.

Fernando Gómez, mientras tanto, indicó que las afectaciones derivadas de la crisis de COVID-19 han sido distintas en todo el país. “Los impactos por región han sido muy diferentes e incluso a partir de la reactivación económica hemos visto cómo despuntan ciertos sectores de forma más fácil, el ejemplo clave es la industria automotriz, que no solamente por sus características, no solamente porque desde un principio fue considerado un sector esencial en la estrategia del Gobierno Federal, sino que también se acompañó de la firma y la reactivación del T-MEC, de esta segunda etapa del tratado de libre comercio”, señaló, e indicó que el caso contrario es el sector turismo, donde la reactivación tomará más tiempo.

Respecto a las acciones que se deben llevar a cabo en general, dijo que la experiencia internacional, principalmente en países europeos como Alemania y Francia, ha consistido en una serie de medidas específicas. “En cuanto a la población, hemos visto cómo los gobiernos pueden apoyar con ciertos salarios, estos apoyos al desempleo, por ejemplo, y a las industrias pues también han tenido ciertas concesiones en el pago de impuestos, por ejemplo, o ciertos apoyos a sectores industriales para mantener cierto nivel de la producción y el empleo; son muy diversos, no podemos hablar de una política en específico para cada país, para cada región. Y cada industria tiene su propia dinámica, por lo que precisamente los apoyos pueden ser muy diferentes”.

Mylene Cano habló particularmente de dos estados fronterizos de la zona sur: Chiapas y Quintana Roo. En el primero, dijo, el principal problema es que 73% de la población es informal, y eso lo convierte en el cuarto estado con mayor informalidad; además, hay un bajo crecimiento y baja productividad, mucho menor a la que se tiene a nivel nacional. Asimismo, a pesar de estar en frontera, es el estado número 28 por sus exportaciones manufactureras. Y en el caso de Quintana Roo, indicó que más allá del contexto de la pandemia, es una economía que no está diversificada, está centrada en el sector turístico. Pese a tener frontera con Belice, es la entidad número 32 por sus exportaciones manufactureras. 

Para apoyar a estas entidades, señaló la importancia de materializar la propuesta recién anunciada de extender los estímulos fiscales que actualmente existen en la frontera norte, a la frontera sur. “Eso sería bastante positivo, porque justo sería un incentivo para la inversión, para poder fomentar la productividad y contribuir a la creación de empleos formales. Entonces esa sería la primera parte, que es tratar de dar un estímulo fiscal para la producción, sobre todo industrial, para pasar al sector industrial en la región”, expresó. Y el otro tema tiene que ver con la inversión pública, necesaria para atraer inversión privada.

Por otro lado, Ramón Padilla  compartió que desde la CEPAL han identificado áreas para la reactivación económica de la región de América Latina y el Caribe, siempre con un enfoque de sostenibilidad, y mencionó tres. La primera tiene que ver con el tema de movilidad sostenible: ocupar las capacidades que hay en América Latina tanto en el sector automotriz como en la minería de cobre y de litio, para desarrollar una mayor capacidad de electro movilidad. “Tenemos que ir más allá de solamente atraer empresas que se basen en el país para inversiones directas, sino desarrollar una industria propia de electro movilidad”. La segunda es la bioeconomía y la tercera, los dispositivos médicos.

Sobre bioeconomía, refirió que “en América Latina hay una gran capacidad en temas agrícolas, forestales, ganaderos, agroindustriales. Hay que ocuparlas para tener un escalamiento hacia actividades que tengan un enfoque sostenible, de mayor valor agregado, que permitan generar empleos verdes, de calidad, con un gran potencial para áreas rurales”. Y respecto a los dispositivos médicos, recordó que “en América Latina, en particular México, Costa Rica y República Dominicana, han creado una base muy importante de manufactura de dispositivos médicos y esta es una de las industrias que en la coyuntura que estamos viviendo han sufrido menos”. Pero no se trata de ampliar el número de empresas e incrementar solo el valor de las exportaciones, sino que esto vaya de la mano con un escalamiento de los procesos y las funciones.

 

Complejidad económica y la reducción de las brechas de desigualdad

 

Sergio Silva expresó que el estudio de la complejidad económica da una mejor idea de cómo están distribuidas las capacidades productivas en el país, por supuesto hay una correlación altísima con la desigualdad regional, pero también nos permiten entender cuáles son las posibilidades que tienen esas regiones menos desarrolladas. “Nos sirve para ver en qué casos efectivamente necesitamos inversión extranjera directa, porque necesitamos traer no solamente capital, sino capacidades, y el otros simplemente tenemos que conectar mejor lo que se hace en algunas partes del país con lo que se está importando como insumo en otras y desarrollar proveedores locales. El estudio de complejidad nos facilita tener mejor esta fotografía de la estructura económica del país, y en ese sentido, nos va a ayudar a ir reduciendo esas desigualdades” precisó. 

Fernando Gómez comentó que esta pandemia es el primer gran shock que nos toca vivir en este siglo, pero definitivamente no va a ser el último. Cada vez vivimos en economías más interconectadas, con sociedades también más interconectadas, lo cual genera una incertidumbre cada vez mayor. De ahí que “una de las principales lecciones que debemos sacar de esta pandemia es cómo podemos construir economías más resilientes. Expresó que hay que entender que la complejidad económica es un buen punto de partida, pero es indispensable el acompañamiento de las políticas públicas para proveer todos los insumos a las industrias para que puedan ser atractivas, para que lleguen a ciertas regiones: insumos institucionales, insumos de capacidad.

Por su parte, Mylene Cano agregó que la complejidad económica también permite reducir la desigualdad que hay en México, por ejemplo, entre una gran empresa y una micro o mediana empresa, y mencionó las externalidades positivas que vienen con una economía más compleja: “mejores condiciones de acceso a internet, además de todo el tema de infraestructura, eso también trae mejores condiciones para la población y, por consecuencia, para reducir las brechas de desigualdad. Trae mejores condiciones de formalidad e incluso también mejores capacidades recaudatorias para los estados, entonces eso permite mejores políticas públicas”, indicó.

Finalmente, Ramón Padilla coincidió en que la complejidad económica es un excelente punto de partida que tiene que ser complementado con otras políticas que permitan que esta diversidad y que las oportunidades que se tienen por participar en sectores amplios y que ofrecen oportunidades de mayor aprendizaje, de mayores conocimientos, sean realmente aprovechadas. De lo contrario, “lo que tenemos es una estructura que se mueve, que se diversifica más, pero si no se mueve hacia mayor valor agregado, hacia mayor productividad, no estamos logrando al final el objetivo de mayor crecimiento, ni mayor crecimiento con igualdad […]. Insisto, es un punto central, pero debe ir acompañada de políticas complementarias para que tenga estos efectos en un crecimiento inclusivo”.

 

 

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