La paradoja alimenticia latinoamericana

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La paradoja alimenticia latinoamericana

Por: Ethos Laboratorio de Políticas Públicas

Riqueza gastronómica ancestral y los mayores índices de sobrepeso y obesidad por consumo de alimentos ultraprocesados, son dos puntos distantes de la misma realidad en América Latina.

El regreso al origen, la lucha por la soberanía alimentaria y la revalorización del impacto ambiental en los sistemas alimentarios fueron algunos de los temas abordados durante el tercer webinar de la serie «El futuro de la comida», en esta ocasión con el tema «América Latina, presa fácil de la pandemia: políticas alimentarias y malnutrición».

En este encuentro virtual organizado por Ethos y Coalición Contrapeso, especialistas analizaron el estado de la malnutrición, las políticas públicas que se están implementando en América Latina y los retos que ha planteado la pandemia de COVID-19. Para ello, se unieron desde Argentina la periodista Soledad Barruti, autora de los libros «Mal comidos» y «Mala leche»; Enrique Jacoby, ex viceministro de Salud de Perú y asesor regional de Alimentación y Actividad Física en la Organización Panamericana de la Salud; y Esperanza Cerón, directora ejecutiva de la organización colombiana Educar Consumidores.

José Luis Chicoma, director de Ethos explicó que, en este contexto de emergencia sanitaria, las estadísticas nos muestran que las principales comorbilidades del coronavirus son la obesidad, sobrepeso, diabetes o hipertensión. “Sin embargo, no nos estamos alimentando mejor. Estimados iniciales indican que aumentó irónicamente el consumo de ultra procesados y que ha habido una disminución del consumo en frutas y vegetales. América Latina es presa de un Síndrome de Estocolmo con productos que nos tienen secuestrados en enfermedades relacionadas con nuestra alimentación, pero que no dejamos de consumir ni cuando es muy evidente que nos hacen mucho más vulnerables”. 

Sobre esta crisis de malnutrición que ha hecho a la población más vulnerable ante el coronavirus, Ana Larrañaga de la Coalición Contrapeso, afirmó que el consumo elevado de productos ultra procesados no se trata de un problema de la esfera personal o privada, sino de la esfera pública a nivel mundial. “Este entorno no se creó de la nada (…), es el resultado de años de inacción política para regular, para mejorar los espacios alimentarios y también el resultado del olvido y del abandono de prácticas y políticas que favorecían otro tipo de alimentación: la alimentación tradicional que hemos tenido durante siglos”. 

Larrañaga reconoció que estamos en un punto de quiebre en el que se pueden aprovechar las oportunidades. “Una de ellas es este reconocimiento a las enfermedades crónicas, a la mala alimentación y a la obesidad como un factor de riesgo que pone a las personas mucho más vulnerables ante la COVID-19. Este reconocimiento ya viene de parte de nuestras autoridades de salud y con ello tiene que seguir la acción”.

Con respecto al efecto de los ultraprocesados y comida chatarra en la mala alimentación en América Latina, Soledad Barruti dijo que en Argentina, por ejemplo, el 60 por ciento las tierras cultivables están ocupadas por soya transgénica para exportación, lo que significa que ese país no está produciendo los alimentos saludables necesarios para alimentar a su población. “Lo que se ha desplazado es la soberanía alimentaria y esto es algo que está en peligro en toda la región, porque a medida que avanza esta forma de comer -ultraprocesados- también se desplaza la producción del campo”. 

Barruti expuso que otra problemática en Argentina es la falta de debate en el espacio público sobre estos temas. “No permea esa discusión hacia adentro de la sociedad. La sociedad no está alerta de que lo que faltan son políticas públicas (…), que este debate no esté tiene que ver con el éxito del lobby de las grandes empresas que lograron obstaculizarlo”. 

Uno de los ejemplos de políticas alimentarias exitosas en la región es el etiquetado frontal de alimentos ultraprocesados en Chile, consideró Enrique Jacoby, quien dijo que es el caso que más información ha aportado hasta el momento. “Desde la aplicación de los octágonos de advertencia en los alimentos ultraprocesados hace un año, hubo un descenso real de la compra de 25 por ciento en productos azucarados y casi 10 por ciento de cereales para el desayuno”.

En contraparte, habló del caso de Perú, país en el que ha habido diversos obstáculos desde el 2012 cuando se aprobó la Ley de Promoción de Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes. “Han tenido que pasar más o menos cinco o seis años para que se pueda implementar la ley, lo que habla de la enorme resistencia que la industria ha puesto en todos estos años (…) Muy recientemente, justo a razón de las investigaciones del proceso Lava Jato (…) ha mostrado que bancos grandes del Perú dieron mucha plata a un partido en particular, el de la hija de Fujimori, para que se opusiera en el Congreso, donde tenía mayoría, a la implementación de los octógonos negros de alto en azúcar, alto en sal. Esto muestra el enorme poder e influencia que tiene la industria”. 

Además del poder político y económico de la industria de alimentos ultraprocesados, Esperanza Cerón abordó otros retos ante los que se enfrenta la sociedad civil, entre ellos la negación de la evidencia científica, la utilización de profesionales de la salud para presentar evidencia falsa, y el pánico económico creado por la industria, amenazando al país con la quiebra y la pérdida de empleos si se ataca a la industria multinacional de alimentos. 

Ante este panorama, Cerón consideró indispensable recuperar las tradiciones culinarias en países biodiversos, ya que tienen la capacidad de ofrecer alimentos sanos durante todo el año para toda la población. “Necesitamos mayor educación política, de unos consumidores que se formen como ciudadanos que consumen conscientemente (…) El reto es descorporativizar las decisiones en salud pública en América Latina. Y el otro gran reto es revalorar el concepto y práctica de salud pública”.

EL FUTURO DE LAS POLÍTICAS ALIMENTARIAS EN AMÉRICA LATINA

Después de la pandemia de COVID-19, la forma en la que producimos, distribuimos y consumimos alimentos debe cambiar, coincidieron los especialistas.

Ana Larrañaga opinó que los sistemas alimentarios, los patrones de consumo y el discurso individualista tiene que transformarse a favor del bienestar sanitario de los países. “La lección que tenemos que aprender es que la prevención es un tema tan serio como la atención a la salud (…) En el futuro tenemos que integrar a los sistemas alimentarios como parte de los sistemas de salud”. 

Soledad Barruti opinó que el regreso al origen y a la alimentación basada en las tradiciones ancestrales es un camino que hay que explorar. “Deberíamos promover no solamente políticas públicas de información para desalentar el consumo los productos dañinos, sino políticas que estén orientadas a la accesibilidad de la tierra, a los insumos productivos de quienes sí producen alimentos sanos, mercados de productos de abastecimiento, mucha información que ponga en valor esas producciones y retomar el valor nutricional de las comidas tradicionales”. 

Respecto al impacto en el medio ambiente, Esperanza Cerón reconoció que el cambio climático es un reto aún mayor que la pandemia de coronavirus, por lo que “hay que promover la agricultura urbana, que la gente siembre. Que fortalezcamos toda la economía familiar campesina y que consumamos lo nuestro”. 

Finalmente, Enrique Jacoby dijo que necesitamos volver a la agricultura familiar, con un enfoque sostenible. “Llevamos lo que necesitamos en la punta de nuestras lenguas; está en los sabores que hemos heredado en nuestras propias casas, de nuestras abuelas. Necesitamos políticas que defiendan esa biodiversidad alimentaria para todos los ciudadanos y no la excluyente forma de producir actual que no sólo  está arruinando las economías nacionales, sino devastando el planeta”. 

El webinar completo «América Latina, presa fácil de la pandemia: políticas alimentarias y malnutrición» está disponible en YouTube.

La serie de webinars «El futuro de la comida» continuará cada viernes a las 10 de la mañana, para conversar sobre los retos de los sistemas alimentarios con especialistas de México y América Latina.

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