El rumbo de las finanzas públicas en “La Merced” electoral

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30 de mayo, 2018 | Por: Liliana Alvarado

La forma en la que los candidatos presidenciales han expuesto sus propuestas me hace recordar mi última visita al mercado de la CDMX conocido como “La Merced”.

Se acerca la fecha en la que los mexicanos elegiremos al próximo presidente de la República, a senadores y diputados a nivel federal, gobernadores y otros puestos a nivel local, lo que suma un total de 3,400 cargos públicos. Como era de esperarse, la mayoría de los candidatos ha generado propuestas en temas como seguridad, anticorrupción, pobreza, educación y finanzas públicas. Ello, al ser las áreas en donde existen actualmente más reclamos por parte de la sociedad.

La forma en la que los candidatos presidenciales han expuesto sus propuestas me hace recordar mi última visita al mercado de la CDMX conocido como “La Merced”. En éste predomina una dinámica en la que la mayoría de los “marchantes” asegura tener mejor calidad, precio y variedad en los productos ofrecidos.

Quienes nunca han asistido a un mercado como este podrían sentirse abrumados frente a las distintas ofertas que se les hacen con la mera intención de captar su interés. No obstante, los que tienen más experiencia saben que en realidad hay locales donde la calidad y variedad no es lo que se presume, donde no te dejan ni tocar ni elegir el producto libremente, o bien, donde incluso las básculas que establecen tu pago final están alteradas.

Una pregunta válida sería, ¿qué tiene que ver la dinámica de un mercado con las propuestas de los candidatos presidenciales? La respuesta es sencilla: éstos se han dedicado a idear y ofrecer una serie de medidas sin reparar en lo que realmente significa su implementación en la práctica o incluso su impacto en las finanzas públicas. Por ejemplo, el candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, ha propuesto incorporar a los jóvenes rechazados (aproximadamente 150,000 en educación media superior y 150,000 en educación superior) mediante el otorgamiento de una beca anual de 29,000 pesos, así como un régimen de baja tributación, con 20% del Impuesto sobre la Renta (ISR) a empresas e Impuesto al Valor Agregado (IVA) de 12% en la frontera norte.

Por su parte, Ricardo Anaya, candidato de la coalición “Por México al Frente”, se ha comprometido a implementar medidas como bajar el IVA a la mitad en la zona fronteriza (de 16% a 8%) y a brindarle a todos los mexicanos mayores de 15 años un Ingreso Básico Universal (IBU) mensual de 1,500 pesos.

Finalmente, José Antonio Meade, de la coalición “Todos por México”, ha propuesto una cobertura universal de preparatoria, de forma que se garantice un lugar a todo el que quiera acceder a la educación superior.

Asimismo, propone pasar de 25 mil a 100 mil escuelas de tiempo completo, con comedor y en donde se aprenda inglés, arte, cultura y deporte. Además, se plantea equipar el 100% de los casi tres mil hospitales y clínicas del país.

La mayoría de estas propuestas no han sido acompañadas del impacto presupuestario correspondiente. En su afán por atraer a los electores, los candidatos han olvidado, convenientemente, que se requiere un mayor nivel de ingreso para solventar incrementos en el gasto (a menos que se eche mano del endeudamiento, lo cual es poco deseable). Un ejemplo claro de esto es la intención, por una parte, de reducir la tasa de IVA en frontera, al tiempo que se plantea reducir la tasa del ISR en la misma zona. Los organismos internacionales han dejado claro que para solventar tasas bajas se requiere una base amplia y no una base plagada de tratamientos preferenciales, como lo son las tasas reducidas. Según el Presupuesto de Gastos Fiscales para 2017, el total de tratamientos preferenciales (estímulos fiscales e incentivos fiscales) equivale a casi un 4% del PIB, sin que tengamos suficiente información sobre su impacto y efectividad. Ésta es una de las varias razones por las que se recomienda mantener a un mínimo este tipo de incentivos.

Otro ejemplo se relaciona con el IBU que, frente a una serie de cuestionamientos que se han hecho en torno a su costo, pasó de ser un programa para todos los ciudadanos por el simple hecho de ser mexicanas o mexicanos a una instrumentación gradual mediante un programa piloto. Sea como sea, es necesario que Ricardo Anaya dé una explicación clara sobre los recursos que se requieren para solventar esta medida, ya que existen argumentos que apoyan su factibilidad y otros que la niegan. Por ejemplo, para algunos, ésta podría implementarse si se eliminara la mayoría de los programas sociales federales y estatales que existen en el país, ello aunado a la reasignación de ciertos rubros de gasto y otras medidas complementarias. Sin embargo, otros defienden la medida y apelan a la experiencia internacional, al mencionar que programas como éste se han aplicado a menor escala en países desarrollados y en vías de desarrollo.

De esta misma forma, podríamos continuar cuestionando los recursos necesarios para equipar el 100% de los casi tres mil hospitales y clínicas del país, así como la cobertura universal de preparatoria que propone José Antonio Meade. Lo deseable es que por lo menos los tres candidatos punteros en la contienda presidencial asuman que los tiempos han cambiado. Ahora existe: 1) mayor nivel de organización por parte de la sociedad civil; 2) más información en manos de los jóvenes a causa de las redes sociales; 3) herramientas adicionales para analizar y cotejar la veracidad de la información proveniente de las plataformas electorales y de los candidatos, entre otras.

En este sentido, se espera que todos ellos presenten propuestas serias, realizables y financiables, y no medidas oportunistas y electoreras que, con la disponibilidad actual de información, se han vuelto fácilmente cuestionables. Desafortunadamente, se han lanzado varias medidas al aire, cada una más ambiciosa que la otra. Ello, con la pura intención de evaluar cuál gana más adeptos. El primero de julio los electores tomaremos la decisión de optar por los planteamientos que consideremos atienden de mejor forma los grandes retos que afrontamos. En el mejor de los escenarios la decisión colectiva será responsable y estará en sintonía con la salud futura de las finanzas públicas de México.

Publicado en: Ruiz-Healy Times

Temas: Finanzas Públicas