Los alimentos ultra-procesados ponen en jaque el futuro de nuestra salud

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LOS ALIMENTOS ULTRA-PROCESADOS PONEN EN JAQUE EL FUTURO DE NUESTRA SALUD

 

Actualmente, el consumo de los alimentos ultraprocesados va en aumento, a pesar de que hay evidencia científica de los daños que causan a la salud y de que cada vez más investigadores y organizaciones alertan que también son sumamente problemáticos a nivel social y cultural, pues tienen la capacidad de modificar patrones de consumo de alimentos tradicionales, utilizando técnicas de mercadeo constantes y muy persuasivas. Ante este panorama, Ethos Laboratorio de Políticas Públicas y la Coalición ContraPESO organizaron el webinario «Alimentos ultra-procesados: el futuro de nuestra salud en jaque», que forma parte de la serie El futuro de la comida.

Participaron especialistas que han dedicado grandes esfuerzos a estudiar y regular estos productos: Lorena Rodríguez, de la Universidad de Chile; Jean Claude Moubarac, de la Universidad de Montréal; Enrique Jacoby, ex Viceministro de Perú, y Carolina Batis, del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). Los moderadores fueron Ana Larrañaga, Coordinadora de Incidencia de ContraPESO, y José Luis Chicoma, Director General de Ethos.

A manera de introducción, Ana Larrañaga comentó que los alimentos ultra-procesados son una amenaza latente con la cual hemos convivido e incluso la hemos normalizado, aunque la evidencia demuestra cada vez más que existen consecuencias muy reales para la salud humana y también para para la sostenibilidad del medio ambiente sobre el consumo de estos productos, lo cual no podemos seguir ignorando, y agregó que la pandemia nos pone en un momento clave para que la población tome decisiones más saludables respecto a su alimentación.

En su intervención, Jean Claude Moubarac habló del sistema NOVA, que propone clasificar los alimentos con base en su grado y el propósito del procesamiento. Explicó que este sistema permite ver el perfil nutricional, conocer los atributos de los alimentos y productos, cómo están elaborados, cómo están diseñados y hablar no simplemente del producto, sino también del productor, apreciar los valores, las ideas detrás de la actividad que es el procesamiento.

“NOVA ha cambiado la manera de ver la nutrición, de abordar y definir los problemas nutricionales y también de definir soluciones que son más amplias, más holísticas y que toman en cuenta la manera de producir los alimentos y el contexto en el cual los nutrientes son consumidos en el día de hoy; de consumir azúcar a través de una fruta, que es muy saludable y es muy diferente a consumir el mismo azúcar a través de una bebida gaseosa. Nos permite abordar la nutrición humana, que no puede ser separada del propósito, de los valores, y nos invita a pensar por qué transformamos los alimentos, con qué fin y si debemos repensar en este propósito”, refirió.

Lorena Rodríguez, quien estaba en el gobierno chileno cuando se implementó el etiquetado de alimentos, contó que esta ley abordó cuatro temáticas: el etiquetado frontal de advertencia, que es la más famosa y la principal; la prohibición de la publicidad dirigida a niños de cualquiera de los alimentos, envasados o no, que superen los límites establecidos por el Ministerio de Salud; la prohibición de la venta y entrega gratuita de esos alimentos en las escuelas; y la educación en alimentación y nutrición transversal, a través de los distintos niveles de estudio escolar, que no es obligatoria, sino voluntaria, pero que ha sido incorporada en la mayor parte lo de los establecimientos educacionales. Son varios aspectos complementarios, de índole estructural, que modifican el entorno alimentario tanto de niños como de adultos.

“Los primeros resultados que se midieron, señaló, tuvieron que ver con si la población comprendía lo que estábamos diciendo o necesitábamos una gran campaña para explicar. Y la gran sorpresa fue que más del 90% de la población entendió rápidamente el mensaje que se estaba enviando a través de este sello”, incluso niños pequeños; asimismo, agregó que la gente está a favor de regular este tipo de temas, pensando sobre todo en la protección de la infancia. Respecto a los estudios de implementación que se han hecho, dijo que la industria, aunque pataleó bastante, se adecuó, pactó, bajó algunos contenidos en alimentos, cambió sus etiquetas, cambió su marketing, y ahora se está dando un seguimiento de la situación nutricional de la población, especialmente en los niños.

Por otro lado, Enrique Jacoby mencionó, entre otros temas, que el crecimiento de los productos ultra-procesados es brutal. “Tristemente, hoy su éxito mayor está en reemplazar comidas que conocíamos, por ejemplo, no sé, arroz con pollo, una chimichanga, todo eso es producido industrialmente, en productos ultra procesados, con una implicancia dañina. […] Nuestra gastronomía nacional está siendo perdida, en lugar de ser alimentada, en lugar de ser protegida; la producción de alimentos igual; los mercados están en una situación realmente lamentable, yo lo veo particularmente en el caso de Perú. La agricultura familiar, que es la única que produce alimentos para comer, para cocinarlos y comerlos, es una agricultura que está siendo inmediatamente desplazada” pues se quieran reposicionar los transgénicos no sólo en este país, sino en Latinoamérica.

También consideró que el etiquetado es la medida de salud pública más fuerte que se ha podido poner, puesto que para la imagen de la industria representa un acto muy lesivo, porque el paquete del producto que es más o menos un tercio, hasta 40% del valor del producto, es un elemento de marketing desde que nacieron los ultra-procesados, de manera que al existir sellos puestos y regulados por autoridades en los que se indica que hay algo malo es un tema serio. Recordó que en este momento ya son 4 los países latinoamericanos que cuentan con esta ley, mientras que se está discutiendo en Uruguay y Brasil, hechos sumamente significativos.

Carolina Batis, mientras tanto, compartió que viéndolo en proporción de cuánto contribuyen a la ingesta en México, los ultra-procesados aportan 30%, un tercio de la dieta de los mexicanos viene de productos que no aportan nada, nutritivamente hablando, y en el caso de los niños, esto llega a ser hasta 35 y 40%. Respecto a los refrescos, el aporte es 5%, casi lo mismo que de frutas y verduras, que es 6%, siendo que las bebidas no deben contribuir con tanta energía. “Hemos hecho análisis para ver qué tanto podremos consumir de estos alimentos de una manera que podamos mantenernos dentro de los límites de grasas saturadas o de azúcar añadido que recomienda la OMS y eso tendría que bajar a un 10%. […]. Ahí se ve la magnitud del cambio que debemos hacer: bajar de 30 a 10 es un cambio grandísimo que se necesita hacer para llegar a una dieta saludable”. 

Y resaltó también los alimentos cuyo consumo hay que incrementar: si de frutas y verduras se consume 6% de las calorías totales, estos se tendrían que subir al doble, y el tema de las leguminosas, nueces y semillas, 4 por ciento. En este sentido, recordó que el frijol, siendo un alimento tradicional en la dieta mexicana, ha ido perdiendo mucho y se tiene que subir al doble, y si se consideran también las nuevas guías para una alimentación sustentable, donde la idea es bajar el consumo de carne, las leguminosas tendrían que formar 20% de nuestra dieta. En México, destacó, tenemos la tradición culinaria para impulsar esa parte.

 

¿Es posible disminuir el consumo de alimentos ultra-procesados a futuro?

Jean Claude Moubarac tiene una visión optimista respecto al tema: “Veo un mundo en el cual podemos desarrollar la economía de cualquier país, pero sin amenazar la salud humana ni el medio ambiente. Veo un mundo en el cual cada país desarrolla sus sistemas alimentarios en asociación con otros países, pero piensa en desarrollar la economía de los productores, proteger el medio ambiente y producir alimentos que nos permitan vivir en armonía con el medio ambiente, con los animales y con todo”, y opinó que no hay alimentos buenos ni malos, pero los productos ultra-procesados no son alimentos, son productos de consumo y se les debe tratar como el alcohol, el tabaco; al fin de cuentas, son completamente fabricados para motivar el consumismo. Ese, dijo, es el problema clave.

Por otro lado, Lorena retomó el concepto de sindemia global, que es la coexistencia de varias pandemias, como la obesidad con otras enfermedades crónicas vinculadas con la alimentación, el hambre, la desnutrición y la inseguridad alimentaria. Desde esta perspectiva, el desafío es relevante, porque el tema no está en manos de los expertos en nutrición; sin duda quienes se dedican a la salud y a nutrición pública desempeñan un rol, mas el concepto de salud en todas las políticas también se pone fuertemente encima de la mesa. “Si no conseguimos una alianza con las ciencias sociales, con las ciencias políticas, con las ciencias económicas, y no miramos este tema con la seriedad que requiere y nos quedamos a lo mejor o solo con el etiquetado o solo con una política pública, es poco probable que logremos avanzar con éxito”, puntualizó.

Enrique Jacoby, mientras tanto, hizo énfasis en que los problemas están integrados, y si bien esto es fácil de hacer desde la ciencia, el reto es llevar ese conocimiento a la política mediante una historia. “Necesitamos una historia, una historia de casi del fin del mundo, pero una historia en la que nos podamos salvar. Y esto es lo que conecta en política: historias, y esas historias tienen mucho del pasado, tienen que ver con nuestras tradiciones, de las cosas que son buenas y de las cosas que quisiéramos mantener y están desapareciendo”. La solución al problema de los ultra-procesados, explicó, es una solución política. 

Y Carolina Batis cerró con un análisis sobre cómo en México y en Latinoamérica, a diferencia de los países desarrollados, los ultra-procesados se consumen en las zonas urbanas, por gente con más poder adquisitivo, para llegar al final a la población más vulnerable; pero en este momento se podría evitar esa vuelta innecesaria. “Sería fantástico lograr evitarle esta población el tener que seguir el camino de la población que tiene más recursos, ahí tenemos una ventaja respecto a otros países y sería muy bueno tomarla, pero si me preocupa la lentitud con la que se van aprobando las iniciativas y el impacto que va teniendo cada una, pues es pequeño, es un pasito hacia adelante, pero también es pequeño lo que se va logrando poco a poco”, apuntó.

 

El webinario completo «Alimentos ultra-procesados: el futuro de nuestra salud en jaque» está disponible en Youtube

La serie de webinarios «El futuro de la comida» continuará cada viernes a las 10 de la mañana, para conversar sobre los retos de los sistemas alimentarios con especialistas de México y América Latina.

 

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