¿Podría la corrupción llegar a vulnerar la democracia en México?

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¿Podría la corrupción llegar a vulnerar la democracia en México?

Por Liliana Alvarado para El Economista

En varios países de América Latina, el combate de la corrupción es uno de los temas con mayor peso en las plataformas políticas de los candidatos y candidatas que buscan liderar sus naciones. Lo anterior se debe a que la población en dichos países percibe a la corrupción como uno de los principales problemas a resolver y, en consecuencia, la esperanza de ponerle un freno y lograr un cambio es atractiva.

Sin embargo, la realidad muestra que en la región, la mayoría de los países han mantenido el mismo nivel de corrupción al pasar de los años. Incluso, en algunos casos, la corrupción ha empeorado. En consecuencia se generan varios efectos. Por una parte, existe una desilusión de la ciudadanía en torno a las promesas incumplidas y se suele diluir la legitimidad de los discursos y acciones de la clase política. De igual forma, hay una pérdida de confianza en los procesos e instituciones, pues se percibe que los corruptos continúan beneficiándose de ellos; ya sea “los corruptos de siempre” o bien nuevas personas, empresas, grupos y redes favorecidas por la administración en turno. El escenario se agudiza en distintos contextos; por ejemplo, cuando el sistema electoral es presa de la corrupción y la opinión pública percibe que las elecciones no son limpias. Asimismo, cuando la economía empeora y comienza a mermar los bolsillos de las personas.

Cuando los elementos anteriores suceden de forma simultánea, una reacción un tanto natural es cuestionar el status quo. En cierta medida, el status quo está determinado por el sistema político y, en el caso de México, se refiere a una democracia electoral. De acuerdo con un estudio de Alejandro Monsiváis Carrillo sobre nuestro país, la percepción de corrupción política constituye un factor determinante de la disminución del apoyo a la democracia. Monsiváis añade que la corrupción generalizada y persistente se asume como algo propio de la operación de la democracia, por ello es comprensible que la ciudadanía se convenza de que dicho sistema político no es necesariamente mejor a otros.

De forma general, los cuestionamientos son naturales e incluso deseables. Como ciudadanía, es normal preguntarse ¿qué está fallando?, ¿cómo podríamos estar mejor?, ¿dónde están las áreas de oportunidad?, ¿en qué nos ha beneficiado el sistema democrático? No obstante, este tipo de dudas podrían resultar perjudiciales rumbo al 2024, pues actualmente suenan las alarmas por varios motivos.

En primer lugar, está el debilitamiento de los organismos autónomos como el Instituto Nacional Electoral, la Comisión Reguladora de Energía, la Comisión Federal de Competencia Económica, y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, entre otros. De igual forma, es claro que las reglas del juego, establecidas en la Constitución, leyes y reglamentos, se están cambiando en beneficio del poder Ejecutivo, lo que ha traído como consecuencia una concentración del poder. Se ha buscado debilitar de distintas formas a contrapesos importantes en toda democracia, como son los medios de comunicación, los periodistas, las organizaciones de sociedad civil y al sector empresarial. En el caso de la oposición, es de resaltar el acoso del que han sido víctima las y los legisladores que votaron en contra de la reforma eléctrica, al ser etiquetados como “traidores a la patria” por ejercer su libre derecho a votar conforme a su propio criterio.

En lo que respecta al combate efectivo de la corrupción, la situación no es alentadora. Se ha ignorado en gran medida al Sistema Nacional Anticorrupción y sus réplicas estatales. De forma contraria, instancias como el Servicio de Administración Tributaria, la Unidad de Inteligencia Financiera y la Secretaría de la Función Pública se han fortalecido para atraer casos que son de particular interés del Ejecutivo. México se ubica en el mismo lugar que el año pasado en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. Asimismo, el país sigue siendo el peor evaluado de los 38 miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, y en el G20 México ocupa la posición 18 de 19 países evaluados.

El panorama antes descrito muestra que México pasa por una situación sumamente complicada. No se han logrado avances en el combate de la corrupción, por el contrario, esta continúa siendo aguda y generalizada. Además, hay indicios de una concentración de poder por parte del Ejecutivo y del debilitamiento de contrapesos que desafortunadamente van aparejados de una serie de dificultades en materia económica.

Uno de los principales peligros es que esta situación haga dudar a las y los mexicanos sobre los resultados de la democracia y que ello conduzca a un aumento en el apoyo de opciones radicales o menos democráticas en las elecciones del 2024. Si bien la democracia mexicana no está totalmente madura, es deseable que sus áreas de oportunidad no pongan en duda su utilidad como sistema político. La historia ha demostrado que las otras opciones no son mejores a la que tenemos en la actualidad.

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