Urgen mecanismos para combatir la corrupción en las empresas

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Urgen mecanismos para combatir la corrupción en las empresas

Por: Ethos Laboratorio de Políticas Públicas

El panorama económico del país a futuro presenta marcados descensos en los números. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento de menos 10.5 por ciento y el Bank of America de menos 10 por ciento. En medio de estas perspectivas, la competitividad de las empresas es más relevante que nunca. Pero al escenario se suma un nuevo factor: la corrupción. 

Por ello, Ethos organizó el webinario «La corrupción como amenaza de la competitividad en tiempos de contracción económica», en el que participaron Arturo Fernández, consejero nacional y vicepresidente de la Comisión Nacional de Competitividad y Mejora Regulatoria en Coparmex Nacional; Jacobo Pastor García, especialista en políticas de integridad y compras públicas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos; y Angélica Escudero, directora de Ethics, Asociación peruana de ética y Compliance. 

Liliana Alvarado, directora de Desarrollo Económico y Social de Ethos y moderadora del webinario, explicó que “los costos para las empresas derivados de incurrir en actos de corrupción se estiman en mil 600 millones de pesos. Esta situación, aunada a las regulaciones internacionales, ha promovido el combate a la corrupción desde el interior de las empresas, implementando, por supuesto, programas de ética y de compliance. Finalmente, no podemos ser omisos al compromiso que México ha adquirido en materia de anticorrupción con la firma del T-MEC y su capítulo 27, el cual sin duda incluye una serie de lineamientos que buscan integrar mayormente a las empresas en este combate de la corrupción”. 

En ese sentido, Arturo Fernández explicó que las empresas tienen muchos vínculos internos y externos que pueden presentar un riesgo de corrupción y que pueden vincular a la empresa a una responsabilidad solidaria. 

“Se debe de contar con mecanismos internos de control para asegurarse de que no se esté cayendo en malas prácticas que puedan significar, ya sea un desfalco de la empresa o convertirse en merecedor de multas o cargos penales. También se debe de contar con un código de ética y un código de conducta, para asegurarnos de que todos los trabajadores entiendan qué es lo que se puede y debe hacer”, dijo.

Al respecto, Jacobo Pastor García expuso que “no hace mucho tiempo, el que las empresas se inmiscuyeran en actos de corrupción no era necesariamente mal visto, sino que era visto como una necesidad para poder volverse competitivas y poder ganar contratos”; por lo que para contrarrestar esta situación se necesita “primero que nada, el liderazgo de los directivos, que prediquen con el ejemplo actitudes éticas e íntegras que pongan en claro que este es un tema importante para la organización (…)  El segundo es incorporar la integridad como parte de todos los procesos de recursos humanos de la organización (…) Finalmente, es la creación de una cultura de integridad, donde no basta con tener los códigos y los reglamentos, sino que hay que crear las estructuras y los instrumentos organizacionales para que los empleados vivan esos valores”.

Angélica Escudero opinó que la corrupción afecta la competitividad y los beneficios que trae consigo solamente se ven en el corto plazo y genera riesgos importantes en la continuidad de la operación de las empresas.

“Desde mi experiencia en empresas reguladas, es necesaria la creación de una cultura real de ética, control y cumplimiento. Si no se tiene instaurada una buena cultura, el proceso de toma de decisiones, cuando existe un dilema ético, se vuelve difícil, tortuoso, lento y, lo peor, poco consciente del impacto en el mediano y largo plazo que puede tener esa decisión en la resiliencia en las organizaciones y en el futuro también de las personas. Y si no eres resiliente en un mundo competitivo turbulento como el de hoy, sobre todo ahora que estamos en medio de una crisis global, tienes definitivamente menos probabilidades de tener éxito y de sobrevivir”. 

¿CÓMO AFECTA LA CORRUPCIÓN A LAS EMPRESAS?

Sobre la manera en que la corrupción afecta la competitividad de las empresas, los panelistas coincidieron en que a mediano y largo plazo se incrementa el riesgo de perder reputación, talento y oportunidades de mercado.

“La corrupción afecta la credibilidad, la confianza, la reputación de la empresa y una reputación se puede tardar años en construir, pero se puede perder con gran facilidad en un instante para atraer y retener talento. Esto es sumamente importante porque generalmente los colaboradores no disfrutan trabajar en una empresa con mala reputación. En cuanto a la inversión, misma historia, la inversión migra a las empresas que cuentan con buenas prácticas, con transparencia y que cuentan con una buena reputación”, explicó Arturo Fernández. 

Jacobo Pastor habló de la corrupción en las contrataciones públicas misma que, dijo, repercute en el ambiente de negocios pues genera incertidumbre sobre las reglas del juego. “Lleva a cuestionar el estado de derecho, a generar impunidad y otros fenómenos como la inseguridad. Recordemos que la corrupción es la puerta de entrada del crimen organizado a las instituciones del Estado. Y todo esto se suma a crear un ambiente en el que en lugar de premiar la productividad y la innovación, se premian los comportamientos rentistas, disminuyendo con ello la productividad de la economía y la posibilidad de nuevos negocios para prosperar”.

Angélica Escudero dijo que además de ser nociva para la competitividad de las empresas, la corrupción finalmente también afecta a la sociedad. “Lo que terminamos pagando los ciudadanos, los gobiernos y los accionistas son sobrecostos derivados de la corrupción (…) La falta de transparencia y confianza en el contrato social se traduce en favoritismo, nepotismo, sobornos y mafias. Todo acto de corrupción tiene un costo económico, ya sea directo o indirecto, porque las empresas están pagando sobornos para hacer negocios con el Estado, lo cual naturalmente se refleja en el costo de los bienes y servicios y también en la calidad de los mismos o indirectos. Cuando tenemos empresas inadecuadas a cargo de grandes proyectos de infraestructura o personas que no tienen los suyos ocupando altos puestos en el sector privado y el público. Estos costos al final los pagamos todos los que formamos parte de la sociedad”. 

FAVORITISMO GUBERNAMENTAL

Sobre la relación de las empresas con el gobierno, uno de los temas preocupantes es el favoritismo en las contrataciones a ciertas empresas. Por ello,  Arturo Fernández dijo que estas prácticas afectan la confianza de los empresarios para invertir en proyectos que forman parte de la cadena de suministro del gobierno. 

“Si se deteriora la confianza en el proceso de compra, entonces las empresas que no estén dispuestas a caer en esas prácticas de corrupción simplemente se van alejando y se van quedando las que sí están dispuestas entrarle a ese tipo de juego. De esa manera se va corrompiendo el proceso dado que las empresas participantes no son necesariamente las más competitivas en una economía de mercado. Estas malas prácticas no deben tener lugar (…) La manera correcta es reduciendo las distorsiones tanto como sea posible”.   

Sobre las consecuencias de la corrupción entre los sectores público y privado, Jacobo Pastor dijo que “el favoritismo también lo vemos en otras etapas, por ejemplo, en las compras públicas o los pagos para ciertos proveedores (…) pero jinetear la corrupción genera costos para las empresas y esto merma su competitividad, principalmente cuando impone restricciones a la entrada y operación de los mercados”.   

Angélica Escudero explicó que el favoritismo es una forma de corrupción y no debería tener espacio en la toma de decisiones en la elección de empresas ganadoras de licitaciones o contrataciones públicas. “Es muy importante que los gobiernos con ánimo de supervisión de las contrataciones públicas, así como regulaciones que establezcan reglas, que restrinjan o no vendan adjudicaciones sin concursos previos o que en la práctica no se presente más de un proveedor. Los casos de mayor riesgo de corrupción deben ser sujetos de revisiones esos organismos de supervisión y también de las organizaciones civiles, sobre todo en este contexto en donde por la crisis se vienen a romper las reglas”. 

En ese sentido, Arturo Fernández destacó que es necesaria una estrategia clara de lucha contra la corrupción. 

“Se construyó un Sistema Nacional Anticorrupción en el que la participación de Coparmex fue fundamental para poder impulsar y construir el andamiaje jurídico y hoy en día francamente vemos que esto se encuentra en riesgo de caer en el abandono. No hemos visto un esfuerzo coordinado por terminar de construir también en los estados los Sistemas Locales Anticorrupción, los cuales en algunos casos incluso han llevado a persecución de algunos de los actores clave de estos sistemas. Entonces, yo creo que lo que hace falta es una estrategia clara por parte del gobierno para atacar la corrupción”. 

Jacobo Pastor coincidió en que hay que reforzar al Sistema Nacional Anticorrupción y a los Sistemas Locales Anticorrupción. “Es una gran apuesta del país y no los podemos dejar morir ya que había una gran expectativa (…) Desesperadamente vemos un Estado en el que la integración de los órganos ha sido una simulación, hay conflictos de interés, gente con filiaciones partidistas, cosas que no deberían está pasando y que debería ser una vergüenza”. 

El webinario completo «Seguridad alimentaria antes y después de la pandemia» está disponible en YouTube.

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