Las OSC, pilares de la gobernanza democrática

viernes, 17 de abril de 2026

Por: Dalia Toledo Para: Animal Político

Aunque la gobernanza democrática no es un concepto nuevo, hoy más que nunca resulta necesario subrayar su importancia. Se trata de un enfoque de gestión pública en el que la solución de los problemas comunes no recae exclusivamente en el Estado, sino que se construye en colaboración con actores sociales. Este modelo parte de una premisa fundamental: el gobierno por sí solo es insuficiente para responder a la complejidad de los desafíos actuales.

Frente a problemas públicos cada vez más difíciles de atender y a restricciones presupuestarias crecientes, la articulación de capacidades —no solo materiales, sino también técnicas, territoriales, de comunicación y otras— se vuelve indispensable. En este contexto, las OSC no deben verse como actores complementarios, sino como pilares de la gobernanza democrática.

Durante décadas, las OSC han contribuido de manera sustantiva a la vida pública: generan evidencia sobre los problemas y sus causas, diseñan e implementan políticas públicas y soluciones innovadoras, acompañan a poblaciones vulnerablesy trabajan en territorios donde la presencia del Estado es limitada o inexistente. Por ello, su contribución al bienestar social es innegable.

Sin embargo, actualmente enfrentan barreras estructurales que restringen su acción: desde un financiamiento cada vez más limitado —que intensifica la competencia entre organizaciones y reduce los incentivos a la colaboración— hasta la disminución de espacios de interlocución con el gobierno, lo cual también afecta sus capacidades de incidencia. Aun cuando todos estos problemas son relevantes, es fundamental destacar la importancia de tender puentes entre las OSC y el gobierno.

Si bien los espacios de participación ciudadana se han reducido en los últimos años, esta tendencia ha comenzado a revertirse en algunos gobiernos e instituciones con voluntad de construir agendas conjuntas. A pesar de este avance, persiste una profunda desconfianza institucional entre los actores sociales que dificulta la articulación de esfuerzos y ralentiza los procesos de colaboración.

No obstante, los beneficios de diseñar e implementar soluciones conjuntas son mayores, por lo que vale la pena comenzar a reconstruir y fortalecer puentes con aquellos actores que tienen la voluntad para hacerlo.

La evidencia muestra que un modelo de gestión como el que propone la gobernanza democrática fortalece la confianza en las instituciones, mejora la calidad de las políticas públicas, fomenta la inclusión y amplía la participación ciudadana. En este sentido, avanzar en esquemas de colaboración efectiva —aunque sea a través de logros graduales y espacios acotados de cocreación— no solo es deseable, sino necesario en el contexto actual.