
Columnas de opinión
México enfrenta hoy una presión creciente sobre sus finanzas públicas. El envejecimiento de la población, las necesidades de salud y educación y la expansión de programas sociales requieren cada vez más recursos. Pero al mismo tiempo, el país sigue teniendo una baja capacidad recaudatoria y depende, en parte, del endeudamiento para cubrir algunas de sus necesidades.
Si bien un mayor grado académico es clave para la movilidad social, esta receta no tiene efectos similares en mujeres y hombres. Las mujeres deben sortear antes otras barreras, como la estrecha entrada al mercado laboral, relacionada, principalmente, con sus labores de cuidados. En ese sentido, hace falta una política pública que ataque la raíz del problema.
Es indispensable asumir que ni el aumento del salario mínimo ni las transferencias monetarias pueden sustituir, en el largo plazo, todos los beneficios de una economía sana que crece de manera sostenida.
El presupuesto para salud en 2026 refuerza la atención para quienes ya están cubiertos, pero deja vulnerable a la población más desprotegida, mientras que en educación la inversión se concentra en transferencias directas a los estudiantes, sin atender la calidad educativa o la infraestructura escolar.
Es necesario replantear nuestro gasto para atender adecuadamente las necesidades actuales de la población en materia de salud, educación, seguridad, entre otros ámbitos, por encima del deseo que tiene el gobierno de mantenerse en el poder.
El donativo en México se concentra en instituciones asistenciales, mientras que el apoyo a investigación científica o tecnológica disminuye. Esto refleja un interés en atender necesidades inmediatas más que en solucionar problemas estructurales de manera sostenible.
Un programa de educación que no gasta a tiempo sus recursos no puede construir escuelas ni equiparlas. Un programa de salud que no ejerce su presupuesto no puede brindar atención ni comprar medicinas o equipo médico. El retraso y recorte en el gasto es un obstáculo real que impide que los objetivos de desarrollo y bienestar se cumplan.
¿Cuánto se paga de agua en la CDMX? De acuerdo con un estudio de la UAM, los subsidios no benefician prioritariamente a la población con menores recursos y las tarifas artificialmente bajas generan una menor recaudación, provocan distorsiones en el mercado y no contribuyen a reducir el consumo excesivo.