
Columnas de opinión
Las múltiples barreras educativas, junto con el techo de cristal impuesto por la estructura socioeconómica, explican que en México apenas tres de cada diez personas profesionistas en carreras de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) sean mujeres.
Si bien los números globales del programa piloto del IMSS para trabajadores de plataformas digitales son alentadores, un análisis más profundo nos revela que el diseño actual de la reforma corre el riesgo de dejar atrás a una parte vital del gremio: las mujeres.
La agenda para un trabajo justo está trazada, pero requiere acción contundente y coordinada de todas las dependencias federales y locales. No basta con que la ley exista en el papel, es urgente fortalecer la inspección con perspectiva de género, asegurar la afiliación real al IMSS, erradicar la práctica simulada de los “pases” de salud, y ampliar y adaptar los servicios de guardería a los ciclos agrícolas y a las jornadas de trabajo reales.
Disasters disproportionately affect vulnerable groups, and women face a double burden: beyond the immediate crisis, they shoulder the majority of domestic and care work, protecting children, the elderly, and the sick. During and after emergencies, they manage scarce resources, search for water and food, and lead emotional and material reconstruction efforts.
Cerrar la brecha salarial de género es un asunto de justicia social, una necesidad económica, una inversión en nuestro futuro y un pilar para construir un México más equitativo y próspero para todas y todos.
Cuando ocurre un desastre, las mujeres cargan con un doble peso: además de la devastación, asumen la mayor parte del cuidado y la gestión de recursos, enfrentando riesgos adicionales como pérdida de autonomía, afectaciones a su salud y mayor vulnerabilidad a la violencia, sin que su voz sea escuchada en la reconstrucción de sus comunidades.
Es nuestra responsabilidad como sociedad asegurar que quienes sostienen el bienestar de innumerables hogares gocen de los mismos derechos y la misma dignidad que cualquier otra persona trabajadora.
Tal vez la clave no está en eliminar el deseo de lujo, sino en redefinirlo. ¿Y si el verdadero lujo no estuviera en lo que cuesta un producto, sino en cómo se produce? ¿Y si comenzamos a asociar el valor con la ética laboral y el prestigio con la justicia social?