La sociedad civil global, en la hora de la incertidumbre
lunes, 23 de marzo de 2026
Por: Javier González Para: Este País
Tengo la oportunidad de participar en el board de una organización de la sociedad civil de alcance global que busca impulsar la rendición de cuentas, fortalecer redes de organizaciones y promover la coherencia entre los valores declarados y las prácticas cotidianas de sus afiliadas. Esta experiencia me ha permitido observar algunos de los retos que enfrenta hoy la sociedad civil internacional, en un momento marcado por profundos cismas geopolíticos, restricciones al financiamiento para la cooperación al desarrollo y el debilitamiento de agendas clave como la acción climática, la igualdad de género, la defensa de los derechos humanos fundamentales y la superación del hambre y la pobreza.
Otros factores externos también condicionan el espacio de acción y la capacidad de influencia de la sociedad civil global. Entre ellos se encuentran el declive del multilateralismo y del respeto al derecho internacional; la irrupción de nuevas y viejas guerras impulsadas por intereses económicos de las grandes potencias; el recrudecimiento de crisis humanitarias; y la amenaza de una recesión económica global, alimentada por el uso de aranceles como instrumentos de política exterior, el aumento de la deuda y la fragilidad fiscal de numerosos países. En este contexto, apelar a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible suena con frecuencia ingenuo, cuando no abiertamente cínico.
El auge de nuevas tecnologías, particularmente la inteligencia artificial, introduce además un elemento ambivalente para la rendición de cuentas. Por un lado, facilita la supervisión y la movilización ciudadana; por otro, expone los procesos democráticos a la desinformación, al discurso de odio y a nuevas formas de vigilancia estatal, como advierte un informe reciente de IDEA Internacional.
A ello se suman los retrocesos democráticos en países tanto del Sur como del Norte global, que han transformado el panorama internacional y el espacio de incidencia en el que tradicionalmente operaba la sociedad civil organizada. El avance del “iliberalismo” y de gobiernos autoritarios y populistas —tanto de izquierda como de derecha— ha generado relaciones cada vez más tensas entre el tercer sector y los Estados. Más que colaboración, emerge la desconfianza; más que diálogo, aparecen intentos de control y un progresivo estrechamiento del espacio cívico.
La consecuencia inmediata ha sido una incertidumbre generalizada, acompañada de fuertes desafíos de sostenibilidad financiera y de cuestionamientos sobre el propósito de las organizaciones, su relevancia y su capacidad para generar impactos duraderos. Aun así, muchas de ellas —con una resiliencia notable— buscan nuevas formas de operar y encontrar espacios para respirar, a menudo en franco modo de sobrevivencia.
En este contexto, ¿hacia dónde debería orientarse la revisión de la identidad, los fundamentos teóricos y los métodos de acción de la sociedad civil y de los think tanks independientes? Para quienes participamos en este sector resulta imperativo replantear nuestros mindsets, reaccionar con mayor rapidez, tejer alianzas e innovar en las fuentes de financiamiento, con el fin de recuperar relevancia y capacidad de interlocución, al tiempo que se preservan espacios de acción libres de presión y amenaza.
Una primera tarea consiste en abandonar discusiones recurrentes que consumen tiempo sin fortalecer realmente la incidencia del sector. Con frecuencia, la sociedad civil queda atrapada en debates sobre conceptos, métricas o modelos organizacionales, mientras los actores políticos actúan con mayor rapidez y claridad estratégica. Como afirma el especialista Vu Le, más que redefinir constantemente al sector o perfeccionar sistemas de evaluación, el desafío es concentrar recursos en lo que realmente fortalece la acción colectiva: organizaciones sólidas, agendas de largo plazo y una mayor capacidad para defender principios democráticos en contextos cada vez más adversos.
Un segundo cambio necesario tiene que ver con la relación entre filantropía, financiamiento y acción colectiva. Más que multiplicar proyectos fragmentados o diversificar ingresos a toda costa, las organizaciones requieren financiamiento estable, flexible y de largo plazo, basado en mayor confianza entre donantes y ejecutores. En un mundo marcado por tensiones geopolíticas y retrocesos democráticos, la sociedad civil requiere claridad estratégica, menos dispersión y mayor capacidad para actuar con rapidez y escala.
En este escenario, los Consejos de las organizaciones y de los centros de investigación independientes no pueden limitarse a funciones formales de gobernanza. Su papel debe ser también estratégico: revisar supuestos, anticipar riesgos, cuestionar inercias y promover decisiones audaces para redefinir las rutas de acción. En tiempos de incertidumbre, la capacidad de repensar el rumbo puede marcar la diferencia entre la irrelevancia y la renovación.


